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Sobre El Autor

Stephen Greenblatt is a literary critic, theorist and scholar. He is the author of Three Modern Satirists: Waugh, Orwell, and Huxley (1965); Renaissance Self-Fashioning: From More to Shakespeare (1980); Learning to Curse: Essays in Early Modern Culture (1990); Redrawing the Boundaries: The mostrar más Transformation of English and American Literary Studies (1992); The Norton Shakespeare (1997); Will in the World: How Shakespeare Became Shakespeare (2004); Shakespeare's Freedom (2010); and The Swerve: How the World Became Modern (2011). (Bowker Author Biography) mostrar menos
Créditos de la imagen: Bachrach

Obras de Stephen Greenblatt

Hamlet in Purgatory (2001) 257 copias
The Norton Shakespeare: Tragedies (1997) — Editor — 186 copias
The Norton Shakespeare: Comedies (1997) — Editor — 164 copias
The Norton Shakespeare: Romances and Poems (1997) — Editor — 133 copias
The Norton Shakespeare: Histories (2001) — Editor — 127 copias
The Norton Shakespeare Vol. 2: Later Plays (2008) — Editor — 93 copias
New world encounters (1986) 37 copias
Allegory and Representation (1981) 37 copias
The Greenblatt Reader (2005) 24 copias
The Norton Shakespeare: Two Volume Set (2015) — Editor — 5 copias

Obras relacionadas

Obras Completas de William Shakespeare (1589) — Editor, algunas ediciones31,428 copias
Criticism: Major Statements (1964) — Contribuidor — 215 copias
Staging the Renaissance (1991) — Contribuidor — 75 copias
Reynard the Fox: A New Translation (2015) — Prólogo, algunas ediciones71 copias
A New History of Early English Drama (1997) — Prólogo, algunas ediciones56 copias

Etiquetado

Conocimiento común

Nombre canónico
Greenblatt, Stephen
Nombre legal
Greenblatt, Stephen Jay
Fecha de nacimiento
1943-11-07
Género
male
Nacionalidad
USA
Lugar de nacimiento
Boston, Massachusetts, USA
Lugares de residencia
Boston, Massachusetts, USA
Cambridge, Massachusetts, USA
Berkeley, California, USA
Educación
Yale University (B.A.|1964|Ph.D|1969)
Pembroke College, Cambridge (M.Phil.|1966)
Ocupaciones
professor
literary critic
scholar
Relaciones
Targoff, Ramie (wife)
Organizaciones
University of California, Berkeley
Harvard University
Modern Language Association of America
Premios y honores
American Academy of Arts and Sciences (1987)
American Philosophical Society (2007)
American Academy of Arts and Letters (2008)
James Russell Lowell Prize (1989 and 2011)
Erasmus Institute Prize (2002)
Mellon Distinguished Humanist Award (2002) (mostrar todos 12)
William Shakespeare Award for Classical Theater (2005)
Wilbur Cross Medal (2010)
National Book Award for Nonfiction (2011)
Pulitzer Prize for General Non-Fiction (2012)
Holberg Prize (2016)
Accademia degli Arcadi
Agente
Jill Kneerim
Biografía breve
Stephen Greenblatt is the John Cogan University Professor of the Humanities at Harvard University as well as a finalist for the Pulitzer Prize and the National Book Award for Nonfiction. He is the General Editor of The Norton Shakespeare and the General Editor of The Norton Anthology of English Literature. He divided his time between Cambridge, Massachusetts, and Vermont. [from The Swerve (2011)

Miembros

Reseñas

Uno de los aspectos más patéticos de la experiencia humana es nuestra ignorancia de las verdaderas consecuencias de nuestros actos. Emprendemos un viaje, abrimos un libro, entablamos una conversación, y en un futuro imprevisible ocurrirán eventos que determinarán la suerte de nuestros descendientes. Así lo entendió Pascal, quien declaró que si la nariz de Cleopatra hubiese sido más chica, el aspecto de la tierra entera hubiese sido otro.

Un helado día de enero de 1417, un hombre joven, regordete, de ojos vivos y protuberantes (si la miniatura que lo retrata en su traducción latina de Jenofonte es fiel) cruzaba a caballo una zona montañosa del sur de Alemania. Su meta era (probablemente) el monasterio benedictino de Fulda, fundado en el siglo ocho por un discípulo de San Benito, y su misión descubrir en los enmohecidos recovecos del monasterio los libros de olvidados autores paganos. El nombre del joven era Poggio Bracciolini y su patria Florencia, donde sus amigos, grandes lectores como él, seguían la tradición iniciada por Petrarca casi un siglo antes de buscar en los basureros eclesiásticos las obras maestras de la antigüedad griega y latina. Así Petrarca había rescatado del olvido la monumental Historia de Roma de Tito Livio, varios discursos y cartas de Cicerón y la obra poética de Propercio. Poggio esperaba emular a su maestro.

En Fulda, Poggio fue recibido con cautela, pero, gracias a sus cartas de recomendación, se le permitió consultar el grueso catálogo de la biblioteca abacial. Para apaciguar la desconfianza del bibliotecario, pidió consultar primero el manuscrito de uno de los padres de la Iglesia, Tertuliano, pasando así de las obras canónicas a las paganas. Descubrió así un poema épico de Silio Itálico, de quien sólo se había conservado el nombre, una importante obra sobre la astronomía, de Manilio, autor de quien ni el nombre había sobrevivido hasta entonces, y un largo fragmento del historiador Amiano Marcelino. Por fin, vio que el catálogo mencionaba una obra del filósofo y poeta Tito Lucrecio Caro, De rerum natura, Acerca de la naturaleza de las cosas, escrita probablemente hacia el año 50 antes de Cristo. Ovidio, Cicerón y otros más lo mencionaban con admiración en sus escritos, pero ni un solo verso había llegado hasta el siglo de Poggio. Con el resignado permiso del bibliotecario, el joven literato ordenó al escriba que lo acompañaba que hiciese una copia.

Aquí comienza lo que es para Stephen Greenblatt, erudito e imaginativo conocedor del Renacimiento europeo, uno de los capítulos fundamentales de nuestra historia intelectual. Con la obra maestra de Lucrecio, Poggio rescata para su época (y para las sucesivas) una fundamental reflexión acerca de nuestro universo, peligrosamente subversiva para los lectores de la católica Europa del siglo quince, y asombrosa premonición de las teorías astrofísicas de nuestro tercer milenio. En De rerum natura, Lucrecio declara que el universo, y todo lo que éste contiene, está hecho de partículas minúsculas siempre en movimiento, y que los dioses imaginados por los poetas no son necesarios para que ese universo exista. Platón había hecho decir a su Sócrates que la imaginación poética distrae de la percepción veraz de la realidad; Lucrecio retoma esta observación y la transforma en una rigurosa exigencia que precede y amplifica el ateísmo darwiniano de Richard Dawkins y tantos otros científicos de nuestros días.

En su tiempo, Lucrecio fue juzgado por sus lectores más un poeta virtuoso que un científico lúcido, un filósofo epicúreo en el verdadero sentido de la palabra (y no en la denigrada aceptación que damos hoy al epíteto). Quince siglos más tarde, en la época de Poggio, su visión del mundo alentó a artistas como Sandro Botticelli y sus propósitos aterraron a los teólogos del Vaticano, quienes condenaron su libro al Index. Como tantas otras obras prohibidas, De rerum natura sobrevivió a las llamas y, más tarde, su autor fue reconocido como el padre de una larga línea de científicos, desde Galileo, quien lo estudió detenidamente, hasta Newton, Darwin, Freud y Einstein, quienes alabaron su justeza y su intuición.

Lucrecio sirvió de inspiración a numerosos escritores y filósofos. En 1989, un bibliotecario de Eton College compró, por apenas 250 libras, una edición de De rerum natura impresa en 1563. Bajo la firma que hacía de ex libris, el bibliotecario descubrió otra, de un dueño anterior. En la tercera página de guarda, este antiguo y entusiasmado lector de Lucrecio había escrito: “Puesto que los movimientos de los átomos son tan variados, no es imposible que se hayan juntado alguna vez de esta manera, o que en el futuro volverán así a juntarse, dando nacimiento a otro Montaigne”. Lucrecio fue, para Michel de Montaigne, una suerte de hermano espiritual.

La feliz y convincente tesis de Greenblatt es que lo que llamamos Renacimiento o “Temprana Modernidad” empieza con el descubrimiento hecho por Poggio. Por supuesto, no sabemos si, de no haber existido la posibilidad de leer nuevamente el De rerum natura, Montaigne hubiese reflexionado de la misma manera acerca del sentido de la vida, Botticelli hubiese pintado su Primavera, Galileo hubiese descrito un universo unificado y autosuficiente, Einstein hubiese tratado de definir esas minúsculas partículas de las que estamos hechos nosotros y los gusanos y las estrellas. El hecho es que gracias a un joven lector empedernido, el De rerum natura existe y Lucrecio continúa conversando con nosotros, y sus versos nos ayudan a examinar, con algo más de sabiduría y de audacia, la asombrosa existencia de eso que llamamos mundo.

Fuente: https://elpais.com/cultura/2012/09/05/actualidad/1346843445_013428.html
… (más)
 
Denunciada
Biblioteca-LPAeHijos | 140 reseñas más. | Jul 24, 2018 |
Uff!... Comencé a leer el libro con mucho entusiasmo. Suponía que no sólo describiría la casi milagrosa transmisión del manuscrito del famoso poema de Lucrecio, sino también que ayudaría a entender el hermoso, dificil y enigmático texto de Lucrecio que, según el autor, supuso un cambio en la historia del mundo.
Ninguna de esas expectativas se cumplió.
La explicación acerca del descubrimiento del manuscrito se va en alargues, anécdotas, derivaciones y vueltas para atrás, de modo que uno no termina de entender cuándo, dónde ni cómo encontró Poggio el famoso texto. El libro se convierte en un rejunte de opiniones (muchas de ellas prejuiciosas) del autor, anécdotas, leyendas y fábulas, todo lo cual convierte al libro en un desorden monumental en donde es dificil seguir lo que se supone es su línea argumental: el descubrimiento del texto y lo que éste significó para el mundo.

Tampoco la importancia del poema ni su peso en la historia de la ciencia son explicados sastisfactoriamente: el autor efectúa una reseña del poema tan lamentable que dan ganas de tirar a Greenblatt y a Lucrecio por la ventana, aunque este último no tenga nada que ver con la mediocridad de su reseñador.

El autor no explica explica cómo el texto influyó (si lo hizo) sobre las actuales teorías de la física moderna, o sobre la teoría de el evolución de Darwin, ni si el atomismo de Lucrecio tiene algo que ver con las investigaciones actuales sobre el tema. Greenblatt sólo señala aquello que ya saben todos lo que se acercan a leer a Lucrecio: que éste fue leído por muchos científicos, políticos y literatos, cuestión interesante pero que no nos dice nada del pensamiento profundo del romano ni de lo que el título promete.
Para quien quiera profundizar el contenido científico de la ingente obra de Lucrecio, olvídese de "El giro" y lea un imperdible trabajo de un autor inglés, A. D. Winspear, traducido a nuestro idioma como "Qué ha dicho verdaderamente Lucrecio" (Ed. Doncel, Madrid 1971), que apenas en 150 páginas nos introduce en la dificil obra de Lucrecio y su contexto. Este librito, sin fanfarria de citas ni bibliografia interminable, es un perfecto estudio que nos permite disfrutar y entender a Lucrecio.

Otra cuestión: la extensísima bibliografía del libro da a entender que el autor consultó todas esas fuentes. Resulta difícil creer eso. A todo buen lector le resulta evidente que "El giro" fue escrito a las apuradas, sumando notas tomadas y fichas escritas en diferentes lugares y momentos, sin coordinación ni orden: según se le ocurría, el autor iba sumando anotaciones. Hay párrafos que repiten lo que dicho pocas páginas antes.

El lector en idioma español cuenta con excelentes ediciones del poema de Lucrecio tanto en verso como en prosa, a saber:

1) La edición crítica y la sofisticada y audaz versión rítmica del poeta español Agustín García Calvo que traspasa a versos castellanos el texto latino constituye un monumento en nuestro idioma que ningún interesado en Lucrecio puede dejar de tener en cuenta.

2) Quien no se atreva la versión de García Calvo, tan brava, difícil cuenta con la del Abad Marchena, también en verso, versión antigua pero alabada por García Calvo en su introducción de la editorial Cátedra.

3) En prosa contamos con la excelente de traducción de Valentí Fiol (en versión bilingüe).

4) La más actual de Francisco Soca, publicada en la Biblioteca Clásica Gredos.

También existen traducciones en México y Colombia.

Casi todos estas versiones cuentan con introducciones que echan luz sobre el poema y sobre la transmisión del texto en forma mucho mas clara, precisa y seria que este libro de Greenblatt.

En conclusión, si "El giro" no sido hubiese escrito por un "reconocido académico estadounidense", profesor en esas universidades mundialmente famosas, se lo habría calificado como lo que es: un popurrí superficial del tema que pretende analizar.

Recomendación: gaste el dinero en otro libro.
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Denunciada
Daneri | 140 reseñas más. | Mar 22, 2017 |
Casi nada se sabe de su vida, la de Shakespeare, así que el autor propone una original hipótesis arrópandose en la obra misma del dramaturgo y en la de sus coetáneos.
½
 
Denunciada
pedrolopez | 57 reseñas más. | Apr 4, 2016 |

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